Mis relatos

El primer verano

El sol caía a plomo sobre la terraza de la Residencia de Tiempo Libre. Los huéspedes, que aguardaban la apertura de las puertas del comedor para el primer turno del almuerzo, buscaban sitios frescos donde la espera se hiciera más leve. El mejor era la cafetería situada en un plano inferior a la terraza y resguardada del sol. Allí, en la entrada, había instalado un futbolín en el que jugaba un grupo de niños, mientras otros, a su alrededor, seguían con interés la partida.
Ella,  que todavía no conocía a nadie, se acercó buscando a su hermano. Bastó una mirada para que su interior se viera sacudido con una fuerza desconocida para sus doce años. Era alto, moreno, con el pelo un poco rizado y con la sonrisa más cautivadora que había visto nunca. La miró, le sonrió, y ella, ruborizada, sonrió también y se fue tras comprobar que su hermano no estaba en el grupo del futbolín.
No quiso volver la vista. Fue apresurada hacia el comedor donde sus padres ya estaban sentados a la mesa. Unos minutos después, él pasó acompañado también por sus padres y su hermana, y le volvió a sonreír. Ella bajó la mirada porque todavía no se había repuesto de la turbación.
A partir de ese momento, vivió quince días de verano que se quedaron en su corazón para siempre. Fueron días de risas e incertidumbres. Ella, tímida, fea y largirucha, no podía creer que el chico más guapo del grupo la hubiese elegido. Y dudaba de todo, y lloraba, tanto por si no era verdad lo que estaba viviendo,  como porque los días de vacaciones se estaban terminando.
Y el último día llegó. La noche previa fue noche de despedidas, de intercambio de direcciones y teléfonos, de promesas de reencuentros… Todos estaban tristes. No era fácil que pudieran volverse a ver en tiempos en los que las carreteras, más que unir, separaban. Él le pidió permiso para besarla y ella se lo dio sin dudar. Cerró los ojos y sintió sus labios en la mejilla. Había soñado otro tipo de beso, pero sintió que aquel era el mejor beso de amor que nunca le darían.
La vida siguió pasando y ellos no se volvieron a ver jamás, pero el recuerdo de aquel primer amor se hacía vivo para ambos cada verano.

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